POR CULPA DE ESTA TONTERÍA CASI NOS QUEDAMOS SIN CONCIERTO.  

El "Side Quest" del Rock 'n Roll 🎸✨.

Justo cuando piensas que el bolo va a empezar sobre ruedas… el universo te lanza una misión secundaria. – ¿No eres mucho de leer? Haz scroll hasta el final para ver el vídeo –

Imagínate la escena: estamos en la sala, listos para montar y meter ruido. ¿Nuestros altavoces? Murieron el día anterior. Kaput. Totalmente fritos. Como el "rock silencioso" no es lo nuestro, preguntamos a la sala con antelación si tenían equipo que pudiéramos usar. ¡Tenían! Y nos dejaron usarlo… unos cracks.

Pero entonces… nos damos cuenta de que sus altavoces no conectaban con nuestra mesa de mezclas. Mierda… 🥴 Con ese descubrimiento llega una ola de estrés y presión por el tiempo. Con la apertura de puertas a la vuelta de la esquina y el pánico empezando a asomar, Julián (nuestro bajista y caballero a tiempo completo) y yo nos lanzamos a una misión de último minuto para encontrar un conector diminuto que salvara el show. ¿El bazar más cercano? A cinco minutos… a ritmo de caminata normal. Detalle: cerraba en cinco minutos.

Así que… fuera tacones. Calcetines puestos. Julián agarró mis tacones como el héroe que es, y estaba (no tan) secretamente disfrutando el momento porque, por un breve instante… era más alto que yo. 😌

Llegamos… por los pelos. No tenían el conector.

Ni tiempo para llorar. Ni tiempo para gritar. Ni siquiera para un gruñido. Localizamos otro bazar a un kilómetro que seguía abierto 30 minutos más. Así que allá fuimos otra vez, todavía en calcetines, volando y todavía creyendo en los milagros. 🧦💨

¿Y el milagro? Apareció. Por la friolera de 0,70 €, conseguimos el pequeño enchufe mágico que se suponía que iba a salvar nuestro concierto y nuestra cordura.

Triunfantes, sudados, un poco polvorientos y aún en calcetines, corrimos de vuelta a la sala… …solo para descubrir que, mientras tanto, el resto de la banda había encontrado dos altavoces enormes y fantásticos que ya tenían las conexiones adecuadas.

Así que sí:

Corrimos por las calles en calcetines.

Hicimos una búsqueda épica del conector, ¡y lo encontramos!

Nos gastamos 70 céntimos.

Y al final, ni siquiera necesitamos el dichoso aparatito.

Pero, sinceramente, este es exactamente el tipo de caos que hace que la vida en una banda sea inolvidable. Pequeños desastres, aventuras ridículas y historias de las que te ríes para siempre. Nunca hay un momento aburrido.

Moraleja de la historia: El Rock ’n roll no solo ocurre en el escenario; a veces pasa descalzo, cinco minutos antes del cierre, en un bazar cualquiera. 🤘🔥